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# La felicidad, el centro y el papel albal
- URL: https://www.carlosmalpartida.com/la-felicidad-el-centro-y-el-papel-albal/
- Published: 2019-11-15T19:16:29.000Z
- Updated: 2026-09-15T19:11:53.000Z
- Description: “Pero hay vida y felicidad ahí fuera”. Me quedé con esta frase aunque el discurso completo de Albert Rivera en su despedida del pasado…
- Author: carlos malpartida
- Tags: #Migrated-1786181758022, #Import 2026-08-08 11:36, Diario

“Pero hay vida y felicidad ahí fuera”. Me quedé con esta frase aunque el discurso completo de Albert Rivera en su despedida del pasado lunes me llamó mucho la atención por lo personal, sentimental y melancólico del tono. Un aire de derrota que iba mucho más allá del hostión en la fiesta de la democracia del domingo previo. Todo desprendía cansancio y una falta de energía impropia de un gran líder político por mucho que tuviera más que previsto el batacazo. Un “ahí fuera” que se presenta como la búsqueda de algo que parecía no tener dentro del partido y la política. Un anhelo, una aspiración, vacío por llenar. Agotamiento presente que deja ver, a todas luces, un abandono muy anterior. No estar desde hace meses. Suspiro y bastante alivio. Como si lo estuviera deseando. Por fin. A otra cosa. Otra vida. Sigue nadando, sigue nadando.

Todo ello lo decía con aspecto de perrillo mojao, un bebito todavía oliendo a leche, y más tierno que un vídeo de gatitos. Un gusiluz naranja que ya no ilumina dejando a oscuras, y sin muñeco, a todo un partido con varios millones de votantes. Fue tal la reacción emocional que toda la canalla mediática coincidía en lo triste de la renuncia, en lo injusto del resultado con su persona y en la pena con la pérdida. Cuidado con esto. Cuando los análisis concuerdan y anda el personal con el incensario, desconfíen, son las últimas paladas para cubrir al muerto no sin choteo perverso en la gran mayoría de los casos. Por eso el dolor es mejor a solas y los deseos siempre en casa o en el diario con candadito de la Primera Comunión. A las dimisiones ya va uno llorado, meado y atacando porque nunca se sabe si hay que volver y porque hay que dejar vitalidad y fuerza, algo de energía y coraje, para el que se queda barriendo tus platos rotos. El halago, el recordatorio, la palmadita, el “qué bueno era” y “qué pena que se nos haya ido”, es la última de las victorias del enemigo. La definitiva. Y hay que negársela.

Pero lo malo de las otras vidas posible y mejores es que todas están en esta presente y es muy difícil huir de uno mismo para ser otro futuro. Por no decir imposible. La felicidad es un concepto demasiado abstracto e inaprensible en el caso de que alguna vez se presente. Algo ajeno, de otros. Y te descubres a la mañana siguiente desayunando en un bar de carretera con los jamones colgones \[liberales ibéricos ingrávidos\], el café para llevar, la tele de fondo como una radio machacona de imágenes, la tragaperras con su verbena constante, el paisano grabando a escondidas, y la tostada a medio comer envuelta en prisas de papel albal. Lo Ciudadano mondo y lirondo. Todo como muy mundano, excesivamente mundano a pocas horas del deceso, y demasiado de centro. Centrísimo. Ni chicha ni limoná. Ni desayunar como Dios manda ni llevártelo bien envuelto. A la carrera que ya iremos tirando por el camino. Y va y todavía pide patatas fritas. Sí, una de aquellas de allí. ¿Quiere usted una bolsita para llevarlo todo?. Ufff, chaval. El ahí fuera, dice. Qué cansado todo. Yo, por si acaso es contagioso, ya me he afiliado a VOX.