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# Tordesillas y los cursis
- URL: https://www.carlosmalpartida.com/tordesillas-y-los-cursis/
- Published: 2015-09-15T22:29:35.000Z
- Updated: 2026-08-08T09:36:49.000Z
- Description: En la entrevista a Gustavo Bueno publicada el sábado pasado en el ABC Cultural y que firma HUGHES hay una pregunta y una interesante…
- Author: carlos malpartida
- Tags: #Migrated-1786181758022, #Import 2026-08-08 11:36, Política

En la entrevista a Gustavo Bueno publicada el sábado pasado en el ABC Cultural y que firma HUGHES hay una pregunta y una interesante respuesta del nonagenario profesor sobre el animalismo. «**¿Qué opinión le merece el animalismo?** Totalmente disparatado. Hubo uno del PSOE, Garrido, que presentó la moción para reconocerles derechos. Decir que tienen derechos es un absurdo. Incluso, en el colmo, les quieren extender los derechos humanos». Esta equiparación donde el animal es un sujeto de derecho e igual a un hombre es uno de los argumentos del movimiento antitaurino y una idea que está calando con fuerza en otros ámbitos hasta llegar a convertirse en una corriente de opinión generalizada, en algo políticamente correcto y de lo que resulta complicado debatir sin meterse en un jardín o en un tentadero. Un tabú. La normalización de este animalismo popularizado hace que no nos sorprendamos de determinados detalles. Hoy, Manuel Jabois arrancaba su crónica *La derrota de Cachobo* con la siguiente frase con total soltura y mirando al tendido: «En Tordesillas, las vacas enviudan a las once». Ahí lo llevan, vacas viudas a las once de la mañana. Vacas viudas. El marido muerto no es otro que el toro de lidia *Rompesuelas* criado en Badajoz. La boda o bodas (parece que estamos ante un caso de poligamia) debieron ser rápidas y secretísimas ya que el toro ha estado escondido desde que dejara el campo extremeño.

Licencia literaria o recurso estilístico, esa manera de iniciar el artículo mostrando el drama humano de la amanecida viudedad de las vacas vallisoletanas tiene mucho de escribir a favor de la corriente actual y de ir dándole capotazos al personal hasta llevarlo a los medios y tenerlos donde él quiere. Se antoja recurso fácil nada más empezar pero de innegable efecto dramático, oscuro y que la ocasión bien merece. El resto del artículo se completa con adornos de todo tipo en cada uno de los tercios y buscando esa atmósfera de cierto salvajismo rural primigenio; desde dibujar a la gente como «caminantes blancos» (aquí el recurso es justo al contrario y son las personas las que se embrutecen convirtiéndose en bestias) hasta la arena del campo «que produce impresión de desembarco guerrero» pasando por los «enormes pedazos de tomate» que come el paisanaje encaramados como monos a los techos de sus 4x4 o esa cosa eufemística de los «chavales alcoholizados». Cuando escribe «chavales alcoholizados» quiere decir borrachos como piojos pero mide bien el pase.

Hay en el libro *Arte de distinguir a los cursis* de Francisco Silvela el siguiente fragmento: «y si no os gusta un cuadro aunque sea de Rafael, o una poesía aunque sea de Byron, decidlo francamente sin entrar en explicaciones, porque la sinceridad, la franqueza, la sencillez y el amable abandono son los mejores antídotos contra esa enfermedad tenderil y dominguera que se llama *cursería*». Si las vacas pudieran hablar le pedirían clemencia a los duendes de El País para que le quitaran al texto lo de la viudedad; no tanto por el luto que llevarán con su nobleza propia y animal de vacas sino más bien por ser cursi hasta el extremo, la bola o el mismísimo descabello.