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# Ucrania cogió su fusil
- URL: https://www.carlosmalpartida.com/ucrania-cogio-su-fusil/
- Published: 2022-03-06T15:02:39.000Z
- Updated: 2026-09-16T05:32:40.000Z
- Description: No hay tantas obras artísticas que provoquen un impacto profundo, un agujero en tu educación sentimental y en la forma de precipitarte a la…
- Author: carlos malpartida
- Tags: #Migrated-1786181758022, #Import 2026-08-08 11:36, Política

No hay tantas obras artísticas que provoquen un impacto profundo, un agujero en tu educación sentimental y en la forma de precipitarte a la vida. Es cierto que esta sensación depende de muchos factores personales, de tu estado de ánimo en cada momento y de tu propia sensibilidad, pero no se les puede negar lo que son, o fueron, el día que coincidiste con ellas. *Johnny cogió su fusil* es, para mí, un fogonazo que metió más inquietud a la inquietud que era y que sigo siendo. El desasosiego que me provocó, cuando era todavía un crío, no se olvida. Un jirón emocional. Un desgarro en la inocencia que ya no tenía. No he vuelto a ver la película y seguramente hoy la juzgaría de otra forma pero prefiero quedarme con el recuerdo, impresionable, en mis ojos de adolescente.

Para el que no la conozca, resumo por aquí el argumento. Con guion de Dalton Trumbo (autor también de la novela homónima) prácticamente todo el film es el monólogo interior de un soldado de guerra terriblemente mutilado que es, además, ciego, sordo y mudo. Una existencia reducida a un tronco y a su conciencia que se va tornando plena en contraste con su situación física. Su cerebro funciona hasta el punto de llegar a darse cuenta de lo extremo de su situación, de su realidad límite. Los gritos de Johnny cuando llega a identificar sobre su piel los rayos de luz que se filtran por la ventana de la habitación en la que se encuentra encerrado son de esos que cuesta olvidar por muy obra de ficción que sea. O quizá por eso mismo.

Estos días en los que vengo viendo, y escuchando, distintos testimonios de ciudadanos ucranianos no puedo dejar de pensar en este alegato antibelicista de Trumbo. Supongo que el mensaje que nos llega es incompleto, distorsionado, de parte, y que no todos los ucranianos tienen esa determinación y audacia pero sorprende el valor que están demostrando a la hora de ir a coger, voluntariamente, el fusil. Desde niños con la mayoría de edad recién cumplida a padres de familias y mujeres que barren los cristales caídos por las bombas mientras tararean el himno con un aire de cotidianidad y desconcertante rutina. Casi como si fuera una escena costumbrista. Gente normal, con muy poca o nula formación militar, que están dispuestísimos a ir al frente y hablan con una naturalidad pasmosa de luchar hasta las últimas consecuencias por lo suyo. Civiles corrientes, gente mundana, no militares, arrojándose a la batalla sin hacerle asco a la certeza de una posible muerte.

Azul y amarillo. Girasoles y un cacho de cielo. Las banderas, esos trapos tan execrados, como símbolos y portadores de existencia por los que merece la pena dejar de existir. Un patriotismo que se antoja lejano y plenamente superado. Banderas que hoy compartimos con el patetismo gregario tan propio y conocido de las redes sociales. Los ucranianos dispuestos a poner el cuerpo por esa supuesta irrealidad que es lo propio, lo identitario, el país, en un mundo globalizado que a lo mejor no lo es tanto. O no tanto en lo social como en lo económico.

A reflexionar si nos traemos el supuesto para casa. Parece que ahora somos todos de Ucrania pero la pregunta es hasta qué punto somos nacionales, — nación—, en ese mismo sentido pleno que transmiten con su bravura. Hasta dónde estaríamos dispuestos a llevar la roja y gualda con ese arrojo extremo ucraniano en caso de que nos tocase a nosotros la china o un salto de valla definitivo. Ese aullar sordo de un supuesto Johny, un Juan en nuestro caso, que se sabe un inconsolable despojo de carne pensante pero española.