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# Una habitación propia
- URL: https://www.carlosmalpartida.com/una-habitacion-propia/
- Published: 2017-01-29T19:48:29.000Z
- Updated: 2026-09-15T20:32:01.000Z
- Description: «Porque yo creo que si vivimos aproximadamente otro siglo —me refiero a la vida común, que es la vida verdadera, no a las pequeñas vidas…
- Author: carlos malpartida
- Tags: #Migrated-1786181758022, #Import 2026-08-08 11:36, Miscelánea

«Porque yo creo que si vivimos aproximadamente otro siglo —me refiero a la vida común, que es la vida verdadera, no a las pequeñas vidas separadas que vivimos como individuos— y si cada una de nosotras tiene quinientas libras al año y una habitación propia; si nos hemos acostumbrado a la libertad y tenemos el valor de escribir exactamente lo que pensamos; si nos evadimos un poco de la sala de estar común y vemos a los seres humanos no siempre desde el punto de vista de su relación entre ellos, sino de su relación con la realidad; si además vemos el cielo, y los árboles, o lo que sea, en sí mismos; si tratamos de ver más allá del coco de Milton, porque ningún humano debe limitar su visión; si nos enfrentamos con el hecho, porque es un hecho, de que no tenemos ningún brazo al que aferrarnos, sino que estamos solas, y de que estamos relacionadas con el mundo de la realidad y no sólo con el mundo de los hombres y las mujeres, entonces, llegará la oportunidad». Estamos solas. Estamos solos. Así hablaba Virginia Woolf en unas conferencias sobre la mujer y la novela en el año 1928 y que posteriormente formaron su libro *Una habitación propia*.

Resulta difícil adivinar qué podría pensar Virgina Woolf de la situación de las mujeres prácticamente un siglo después. Y aunque es el tema central del libro y sobre lo que gira todo su razonamiento no quisiera destacar este aspecto feminista. O en las mismas palabras de VW: «es funesto para todo aquel que escribe el pensar en su sexo. Es funesto ser un hombre o una mujer a secas; uno debe ser “mujer con algo de hombre” u “hombre con algo de mujer” \[…\]. Y por funesto entiendo mortal; porque cuanto se escribe con esta parcialidad consciente está condenado a morir». Me voy a olvidar del género para destacar lo que para mí es a día de hoy lo más revolucionario del libro y de total vigencia: el pestillo, la habitación propia y el convencimiento total de los libros como aspiración y proyecto vital. Virginia Woolf no se anda con historias y entiende que desde la pobreza y la miseria no hay poesía ni literatura posible. En la miseria sólo hay miseria y pústulas y la cultura (o CULTURA, como ustedes prefieran) es un lujo de privilegiados (ella lo era). Hay que buscar el acomodo, o cierto acomodo, y garantizarse al menos 500 libras y una habitación propia donde encerrarse a leer y escribir. Una porción del día o un momento interno, una habitáculo al menos mental. Una revolución de pestillos y de trabajo intelectual callado, de estudio y esfuerzo. Y aquí tampoco se anda con medianías: «la responsabilidad de ser más elevadas, más espirituales; debería recordaros que muchas cosas dependen de vosotras y la influencia que podéis ejercer sobre el porvenir». Más elevados, más espirituales. Más elevadas, más espirituales. Me pongo andrógino o directamente mujer, y me sumo a este espíritu. Estarse quieto en una habitación leyendo, escribiendo o intentando acercarse de forma sincera a las cosas como una manera machihembrada de ganar el porvenir para los otros. Más allá del género, otro día hablamos del género, quédense con esta rara y hermosa forma de resistencia.