Amor de Trump
Con Donald Trump resulta complicado tener formada una opinión porque prácticamente la totalidad de lo que llega por los distintos medios…
Con Donald Trump resulta complicado tener formada una opinión porque prácticamente la totalidad de lo que llega por los distintos medios es una opinión única. Si quieren una definición exacta de lo que es “pensamiento único” tienen el mejor ejemplo en la papilla sobre Trump que viene ya soplada, no vayan a quemarse la lengua, y lista para consumo. Potitos antitrumpianos. Paladas de certezas inmutables. Indivisibles. Extremadamente uniformes. Sospechosamente invariables. Cuando algo es tan rígido y a alguien no se le perdona ni esos bailecitos que se echa el camarada Donaldo hay que arrugar el bigote porque es imposible que tanta gente con estudios e idiomas (cabezas preclaras, cráneos privilegiados) esté de acuerdo de una forma tan granítica. Hay variantes, dentro de esta lava ardiente contra Trump, que van desde la caricatura de brocha gordísima hasta los alambicados análisis aburreovejas que no lee nadie pero que lo mismo te dan para cátedra en la Complutense (siempre con el permiso de Begoña Gómez que es quien reparte el bacalao ahora en la cosa académica). Ya saben ustedes, qué les voy a contar sobre la película que no conozcan por tierra, mar y deluxes televisivos: el nazismo de Trump; el fascismo de Trump; Donald con el bigotito hitleriano; Trump Belcebú; Tump bebiendo lejía; Trump machista; Trump xenófobo; Trump devorando a sus hijos en el cuadro ese que le pintó Goya; puto, reputísimo Trump hijo de la chingada; Trump pedófilo como le acusó Kamela en el debate aquel; Trump, Trump, Trump [léase Trom, Trom, Trom]. Pero también está la vertiente liberalia meapoquito. Esas mujeres y hombres que viven de canto y en adversativa, que te salen con los aranceles, la globalidad, el proteccionismo y el Tócame Roque que difícilmente debe superar el muro de pago. Muchos de ellos ya han perdido el culo por felicitar a Biden por el tuiter. Anda que está el abuelo como para contestar o darle al like. Se puede ser liberalio pero hay que evitar ser hortera a toda costa.
El que escribe, que no es capaz de situar Ciudad Real en el mapa de España, por lo que no digamos ya Winsconsi en ese puzle que son los Estados Unidos de América, no puede más que sentir amor inquebrantable por Donald Trump. Amor de Trump. Ai lob llu, Donaldo, veri mach. Por lo que supone de brutalmente disruptivo y radicalmente diferente en este mundo cada vez más plano y laminado. Un poeta con gorra beisbolera roja. Verso libre. Punqui con rata rubia por tupé. Rimbaud tuitero atizando fuegos con un martillo al que ya le pueden bloquear el pajarito que su palabra se difunde. Mesías anaranjado. Nada más underground que Donald Trump. Nada más contracultural. Falta saber si le gustan los toros pero no tengo dudas aunque no tenga certezas. Voz de nosotros los analfabetos, los iletrados, los que vamos con ese pendón de culpa por no tener ni idea de qué va ninguna vaina frente a las castas y las élite intelectuales que son los que nombran el mundo y reparten la tarta, las concesiones y las vicepresidencias. A nosotros, lechuguinos, que nos tragamos todas las feic nius porque no sabemos leer la verdad de los hechos, la verdad verdadera buena buena. La fetén, coño. Nosotros los tontos, los tontísimos. Setenta y un millones de tontos y espérate cuando terminen de contar si eso va a ser posible algún día. Trump, pelazo y escudo. Trump, cuerpo, corazón, bailongo, cachondo, golfo, golfista. Trump contra todo y sudándosela muchísimo. Él solo delante de ese tanque en este desfile político militar de los medios de comunicación tradicionales y sus satélites publicitarios, culturales, empresariales y propagandísticos.
Hay un vídeo famosillo donde se ve a Obama partirse la caja de Donald Trump que asistía en una mesa cerca, serio y apretando dientes, al monólogo jocoso del morenito. Una quedada así rollo aniversario de El Español. El resto de la clá reía mucho la gracia de Obama a mandíbula batiente. Me ha parecido leer que ahí decidió presentarse a las elecciones pero vete tú a saber. Lo que sí es una evidencia es el cachondeo supremacista de la élite. La risa de los lisensiados. Ay, los lisensiados. La supremacía endogámica de los mejores repartiendo carnés de aptos y no aptos. Ahí vamos a estar siempre de frente, Donald. Que cuenten hasta la última papeleta y no te bajes de la burra y si pierdes patalea aunque te censuren en directo [qué atrevidos los tíos privando a la audiencia de lo que tuviera que decir el presidente como si estuviera hablando un gañán]. Nuestro espíritu es color risketos como tu dermis y te queremos sin fisuras. Nos pones cachondos, queridísimo. Ojalá ganes y salgas diciendo aquello de Maradona de la pija. Que sigan, que la sigan. Fuerza, Naranjito. Sin ser americanos ni hostias solo hay un ganador electo que bombea en nuestro corazón de perdedores. Te queremos.
Dales duro, Donaldo. Con amor.
Besitos.