Haberle apretado el culo, Rubiales
Rubiales y Jenni Hermoso de risas
Firma hoy Manuel Jabois un artículo en EL PAÍS sobre la comparecencia de Luis Rubiales en la sede de la Real Federación Española de Fútbol. Ya les adelanto que no le han valido de mucho a Don Manuel las explicaciones del divino calvo. La columna, que no quiere perder en ningún momento el tono aliado, pretende ser también lo suficientemente mordaz y en un momento dado escribe lo siguiente: «“No había deseo”, dice, y en esa frase está dicho todo; si no había deseo haberle apretado el culo, hombre». He de reconocer que me gusta especialmente el uso del verbo «apretar» concentrado sobre culo. De estrechez e intimidad compartida. No es el vulgar «empujar» o el más violento y prohibido «petar». Apretado tiene mucho de urgencias por el calentón, coloquial, sin dejar de ser cariñoso a su manera. De bombeo constante. Mide bien. Se le nota dominio y maestría.
Este «haberle apretado el culo, Rubiales» viene siendo la manera de tratar mediáticamente el asunto desde el domingo. La hipérbole no nos vayamos a quedar cortos denunciado el caso. Aunque si uno hace el ejercicio y se fija resulta curiosa la cronología porque las horas justo después de campeonar no fueron así de furiosas ni muchísimo menos. Incluso carecieron de todo ardor y llama. Inocencia de salida. Alguien (creo que en MARCA) comparaba, —no sin regocijo—, el piquito con el morreo entre Casillas y Carbonero. En COPE se pudo escuchar a la misma Jenni Hermoso no darle mayor importancia al hecho. Hasta Juanma Castaño, que lleva toda la semana flagelándose y pidiendo un perdón cagón con el tema, compartía el fondo con el presidente. No el asunto tolili y botarate de “los gilipollas” y “tontos del culo” pero sí la poquísima gravedad del ósculo. Cero dramas de primeras para el turbión que vino después y en el que nos encontramos metidos. Una visceralidad inusitada. Un caso único. El #metoo español andan bautizándolo no sin bastante esfuerzo. En algún momento hay un clic, una llamada a maitines, y lo que parecía de primeras una salida de pata de banco más del protocolo durante la ceremonia de un campeonato mundial de fútbol (siempre engoriladas) mutó en este «haberle apretado el culo, Rubiales» hasta el hartazgo. Todo lo que viene girando alrededor de Rubiales es abuso, violencia, zafiedad, mal gusto, troglodismo, degeneración, cojones, machismo, prepotencia, cobardía y pongan ustedes lo que quieran con el grosor del trazo que prefieran. No sé si llamarlo cacería tal y como se victimiza maquiavélicamente el motrileño pero la verdad es que son muy pocas y pocos los que ahorran en epítetos. No se guardan nada.
La performance de Luis Rubiales resulta tremendamente reveladora para entender un poco mejor la historia reciente de España. Escuchas a Rubiales, socialista andaluz pata negra, y comprendes mejor el orden natural de las cosas sobre una manera de hacer política. Aunque la RFEF no se pueda comparar con un gobierno público no hay tanta distancia en la organización y reparto del poder y sus escuetos contrapesos. Hay que proveerse de una ambición inquebrantable y granítica, un grupo lo suficientemente amplio de fieles duramente comprometidos y una base social de aplaudidores con los que compartas algún vínculo o te deban algún favor. Algo parecido a una autocracia en la práctica que va a tener escaso control si te pillan en algún renuncio. Golpes de pecho, el padre y las hijas llorosas. Toda la batería y puesta en escena. Un figura, un maestro de la supervivencia al que no le faltan tablas para haber cometido tantos errores esta semana. Buen trilero al que se le acabó la suerte. Lo que ustedes quieran sobre su forma de tratar la cosa balompédica pero en lo que al pico se refiere, un hombre todavía por juzgar. Nos venimos dando una justicia influencer, una manera de sentenciar instagramer a base de stories que resulta inquietante por peligrosa. Y los medios de comunicación participando de esta aceleración esquizofrénica. Rubiales está sentenciado por la opinión publicada [no confundir con la opinión pública] y lo quieren cadáver. Al de Motril ya no le hace falta el CSD ni el Tribunal Administrativo del Deportes. Rubiales está condenado y ese beso es abuso sexual.
Y de repente, la sorpresa. Cuando parecía liquidado (nunca den a un buen socialista por muerto) va el crack y se revuelve. De primeras le pasa la huevada por la cara a todo el establishment mediático con la dimisión interruptus, dice que es muy español, que le va a pagar medio millón de euros al año al seleccionador y que se pira a su pueblo porque tiene un partido de futbito. No quiero ni pensar lo que puede hacer si al final la justicia de verdad, la que juzga, no lo declara culpable. Diosito no lo quiera. Que no tengamos esa mala suerte. Haz tu magia, Pedro Sánchez. Pero de darse lo imposible yo me preocuparía, Jabois, porque lo mismo va a por ti y te aprieta el cacas.