Bajar a por el periódico

Hacer la compra, sacar al perro o bajar a por el periódico. Esto de que te permitan ir a por el periódico tiene bastante gracia, con mueca…

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Bajar a por el periódico
«Diarios», de Joan Pujol

Hacer la compra, sacar al perro o bajar a por el periódico. Esto de que te permitan ir a por el periódico tiene bastante gracia, con mueca de payaso triste, para los apestados que todavía compramos alguno. Es tener permiso, en pleno encierro nacional obligatorio, para llevar de vuelta a casa un anacronismo. Un chiste, otro meme más con el que dar el coñazo. Por poco menos de dos euros te haces con un cacho de siglo XX. Nostalgia por un tiempo pasado que no sé si era mejor pero que ya está más que finado por mucho que intentemos hacerlo convivir con el resto de canales de comunicación y la tiranía absolutista de internet. ¿Quién baja, todavía hoy, a por el periódico? La definición de «servicio público» se refiere a otro momento histórico donde eran otra cosa y tenían un labor social, o de propaganda, fundamental. Lo diarios de hoy son totalmente prescindibles e innecesarios. Pescado muerto entre el resto de morralla colorida del quiosco. Prácticamente un complemento decorativo en el outfit de los cuatro ancianos que todavía nos emperramos y los seguimos pagando. Una resistencia que tiene más de Sintrom y superstición que de convencimiento o uso y disfrute. A ver si voy a dejar de pillarlo y la casco. La gente te ve con ellos debajo del brazo y se extraña cediéndote el asiento en el transporte público de forma muy amable. No digamos ya cuando en lugar de una única cabecera vas con tres o cuatro distintas. Ahí sufren por ti. «Siéntese usted, buen hombre, no se vaya a hacer daño». «Dónde va con tanto peso, no vemos el peligro, ¿eh?». No todo es cariño ya que están también los que se escaman mucho y te miran raro como si llevaras el covid19 doblado debajo del sobaco y les fueras a estornudar encima. Hay de todo pero la misma coincidencia en la extrañeza.

Andan los periodistas llorando por la financiación y la supervivencia con la que nos está cayendo encima. Está muy jodida la cosa para todos pero como ellos son fundamentales pues con más razón todavía. Estanqueros donde ir a comprar el imprescindible tabaco de lo noticioso. Aunque realmente no piden tanto por el papel como por las webs. El papel se la trae floja al periodismo aunque ahora resulte buena coartada. No hacía falta papel en este puto siglo XXI porque todo iba a ser digital, tuitero y navegable. Interactivo, social, viral e influencer. Modernidad, magia pura. Ya hemos llegado. Se cambió el papel, que por algo es bueno para envolver o limpiar los cristales de la casa, por hacer webs y dejarlo todo fiado al canal y a Google. Periodismo vía Silicon Valley. El contenido es secundario ya que no es algo realmente imprescindible para que se comparta la mercancía y hacer negocio. Puedes poner vídeos de gatitos con un titular de impacto o inventarte tus cosas de la sanidad madrileña. Todo vale si llega lo suficiente.

En estos tiempos de incertidumbres globales no tenemos esa cosa pequeña, pero totémica, del periódico. El menhir diario al que ir a dar saltos de mono para intentar entender algo o disfrutar de la forma en la que lo entienden otros más listos. Se pierde la jerarquía y el orden del mundo. Una visión donde hay cosas que tienen valor por el simple hecho de estar impresas. Lo impreso existe, lo digital puede existir o no. Vaya usted a saber. Una enciclopedia viva que se diseña, se imprime y se distribuye continuamente. Algo realmente fantástico. No hay nada parecido a un periódico. Y sin embargo han cambiado lo sólido, lo tangible, el mundo estirado en dobles páginas de papel prensa por una inmediatez líquida donde todo se iguala vulgarmente hasta perder sus márgenes y su sentido. Hay tantos medios de comunicación como cuentas de correo electrónico o teléfonos móviles. Menudo disparo en el pie. Tantos periódicos como tuiteros. Esos que ahora que manejaban el instagram se dan cuenta que lo interesante es estar en Tik Tok. Puta vida. Menos llantitos y más poner el pecho que esto ya se sabía de hace tiempo.

Mañana, arrastrando las pantuflas, bajaré a por el periódico pero más que nada para ponerle la correa, pasearlo un poco y recogerle las caquitas, o cacotas, que deja según el día. No tiene ninguna culpa. Mientras quede alguno, hay que sacarlo. Lo que no voy a hacer nunca es pagar por ver una web. A otro con ese hueso, chavales. Guau, guau, guau.