De Ibsen a Handke. Casa de muñecas.

Casa de Muñecas. Henrik Ibsen. Dirección: Ximo Flores. 29 de noviembre de 2014. Teatros del Canal. Sala Verde.

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De Ibsen a Handke. Casa de muñecas.

Casa de Muñecas. Henrik Ibsen. Dirección: Ximo Flores. 29 de noviembre de 2014. Teatros del Canal. Sala Verde.


Escribe Alberto Adell en el prólogo de Casa de muñecas / Hedda Gabler* que a la pregunta de si Nora Helmer volvería en algún momento al hogar después de arrancar el marco de un portazo, ladeando todos los cuadros y los bigotes decimonónicos, el propio Ibsen contestaba con un rotundo: «Yo qué sé». Está bien esta afirmación seca como un tajo, sincera y sin muchos circunloquios. «Sr. Ibsen, Sr. Ibsen, ¿Nora volverá a casa, verdad? Yo qué sé, chaval. Yo qué sé». Nora se queda con el pomo en la mano después de hacer saltar de las alcayatas al concepto de la familia tradicional, y el papel de la mujer dentro de la misma, para disponerse a mirar el futuro decepcionada de que el «milagro» que esperaba de su marido no se produce y eso que confía hasta el último minuto. 134 años después podemos ver que una Nora presente hubiera empezado mucho antes a liarse a patadas con la puerta. Así lo hace Peter Handke con Marianne, la protagonista de su novela La mujer zurda**: «He tenido de repente una iluminación (también esta palabra le hizo reír). Que te vayas de mi lado, que me dejes sola. Sí, es eso: márchate Bruno. Déjame sola».

Cubiertas de Manuel Estrada (Ibsen) y Daniel Gil (Handke).
Cubiertas de Manuel Estrada (Ibsen) y Daniel Gil (Handke).

Casa de muñecas me ha recordado este texto de Handke donde una mujer de una cierta clase social, también madre de un niño pequeño, decide romper con su marido y su matrimonio. Sin ningún drama, concentrada como el yoquesé de Ibsen: «Marcharte es lo que vas a hacer, y dejarme sola. Nada más». A diferencia de Nora, la Marianne de Handke es la que se queda, el portazo es para dentro de sí en una búsqueda por definir su propio desasosiego y el abismo de su soledad. Nora se va transformando hasta que acaba completamente amargada, Marianne es amarga desde el inicio. Nora descubre el dolor, Marianne sabe de su dolor. No he podido dejar de asociar la valentía de ambas mujeres por romper, romperse y enfrentarse al miedo aunque el balance no parezca que sea nada esperanzador (los dos textos se llevan un siglo de diferencia) ya que la Marianne de Handke es una Nora de vuelta, fría, rota y angustiada. Se asomó al futuro y se descubrió empujando un carrito por el pasillo de sus días, ese carrito al que siempre le falla una rueda, como el que arrastra la bola de su condena.

La adaptación de Jerónimo Cornelles y Ximo Flores es una Casa de Muñecas con una pecera con sus peces, mancuernas, videollamadas, textos e imágenes proyectadas, nieve artificial, un disfraz de conejo rabudo y un trasunto de la mismísima Mamba Negra de Kill Bill. Cualquier cosa, cualquier licencia puede a uno parecerle bien pero el mono amarillo de Tarantino (sin las correspondientes zapatillas Asics) no soporta la comparación del 1,80 de Uma Thurman sea cual sea la intención de los autores al llevarlo a escena. En general, es tal la actualización que el drama del texto se aligera mucho hasta llegar a cierta caricatura por momentos. Todos los temas que Ibsen parece que adelanta (desde la lucha de clases, el estatus social, la corrupción, el deterioro del concepto de familia) y la puesta en escena van por vías paralelas sin llegar a tocarse salvo al final de la representación cuando Rebeca Valls, la actriz que interpreta a Nora, pide un foco y sin más artificio que esa luz se dirige al público. Puede que este desajuste nos parezca tal ya que a nuestros ojos la Nora de Ibsen se nos queda muy antigua, con miedos remotos y enemigos claros, y superada por una «nueva Nora» desolada, difuminada y desencantada a lo Handke: «No. No me gustaría ser feliz, todo lo más estar a gusto. Tengo miedo de la felicidad. Pienso que no podría soportarla aquí, en la cabeza. Me volvería loca para siempre, o me moriría. O asesinaría a alguien».


*Casa de muñecas. Hedda Gabler. Henrik Ibsen. Alianza Editorial. El libro de bolsillo. 2014.

**La mujer zurda. Peter Handke. Alianza Editorial. Alianza tres. 1979.