Del fascismo y dar de mamar

Hay un momento en el vídeo, cuando Ángeles sale corriendo detrás de Pablo, que piensas que se va a sacar un pecho para enchufarle la teta…

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Del fascismo y dar de mamar
Por favor, Pablo, por favor.

Hay un momento en el vídeo, cuando Ángeles sale corriendo detrás de Pablo, que piensas que se va a sacar un pecho para enchufarle la teta al muchacho con tal de calmarlo. Ese tacto maternal y protector, de mamá osa, dándole calor con las manitas y mirándolo con ojos vidriosos detrás de las gafas de presentadora líder: «Por favor, Pablo, por favor». Y el otro enfurruñado, arrugando mucho el bigote y con carita triste. Como cuando Remy, el de Ratatouille, tiene que salir de dentro del gorro de su compadre Alfredo Linguini al descubrirse que es él, un ratoncillo con alma de chef, el que cocina.

Esto de sacarse una teta lo escribo presuntamente y siempre en sentido figurado. No sé si hace falta subrayarlo pero lo comento por si acaso, que no quiero ir preso. Aunque lo de amamantar mediáticamente a Pablo Iglesias creo que es buena metáfora para explicar muchas cosas. Digámoslo ya que veo que nadie se atreve y la verdad es la verdad la cuente Agamenón o su taxista fake pegándose un voltio por los estudios de Telemadrid. Podemos no existiría sin el dar de mamar profundo y amoroso de los medios de comunicación de todo pelaje incluyendo los que son «de derechas». Sí, también estos por no ir realmente de frente y hacerles alguna que otra cucamona a los podemos en sus distintas versiones y satélites. Ay, míralos que monos ellos quemando contenedores con sus capuchitas. Nada más sistémico en los últimos años que el eco que se le ha dado a la propuesta antisistema podemita. Busquen los motivos, que yo soy analfabeto, pero en esta conclusión va a ser difícil no coincidir salvo que sea usted un Juan José Millás de turno escribiendo no sé qué cosas psicodramáticas de curas y robar niños. A Iglesias lo han criado a sus pechos, cual loba, y cuando no ha sido el mamar televisivo es el potito radiofónico o la papilla escrita. Llevan años riéndole las pataletas antiespañolas y esas chiquilladas que lo mismo te pide guillotinas que disfruta con las palizas a policías. Cosas de críos. Ya se le pasará. Un par de lustros de crianza con el muchacho. Aguantando al bebito sin terminar de destetarlo. Ea, ea, ea. Ya está, corazón. Ángeles levanta a Pablo y le da unas palmaditas para que suelte los gases mientras comprueba que el pañal está cargado y toca ir al baño a refrescar a la criatura.

Esta mañana ha salido también Pepa Bueno llamando al rezo antifascista desde ese minarete en la Gran Vía madrileña que es la SER. Segundo acto. Nudo. Alargar el sainete que quedan poco más de siete días y hoy va también Jorge Javier Vázquez a lucir palmito rojelio por Vallecas. Prietas las filas. Activismo, pedir el voto, ser político. Entrar en campaña que la cosa pinta chunga. Hiperventilar. Pásalo. Oye, que cada cual haga con la capa de su audiencia un sayo pero tampoco los traten de mongolos. O sí, vaya usted a saber. Pura comedia. Solo hay que ver el vídeo entero. Si lo que le dijo ayer Rocío Monasterio a Pablo Iglesias es F-A-S-C-I-S-M-O, así en mayúsculas y con todas las letras, pues habrá que cambiar el significado de la palabra fascismo o el de la palabra periodista. Las dos cosas no pueden ser. Pero tampoco es para hacerse dramita que veo a mucho amarrategui afeándole el gesto a Rocío por aquello del cálculo electoral. Es seguirles el juego y ser parte de la obra. Para ellos la perra chica y el Scattergories.

La performance radiofónica se entiende más cuando por la tarde va Abascal a Parla y llena la plaza. El cinturón rojo del sur de Madrid empieza a tener así como un granate tirando a muy verde y eso preocupa. No les cabe el bigote de una gamba. Vox le está comiendo la merienda a la izquierda en su terreno y esto es una bala de plata de la que no hay monstruo que se levante. El obreraje de verdad, al que le sale chepa de subirse al andamio, ha detectado la mercancía averiada en el discurso de esta izquierda pandémica. Y ya no digamos de los pucheritos galapagueños de Pablo Iglesias. Andan revirados y les resbala muchísimo que les llamen fascistas desde la SER o nazis desde esas viñetas con esvásticas de Gallego y Rey en El Mundo. Desconfían. Son su propia y auténtica prensa libre. Sus únicos generadores de opinión. Esto lo sabe bien Pablo y de ahí que monte la pantomima. Hasta hará la cabra subido a un taburete en lo que queda de campaña. Apuesten conmigo lo que quieran a que todavía vamos a ver a más de una estrella del establishment mediático patrio sacarse un pechito, o los dos, para intentar consolarlo. Ea, ea, Pablito, duérmete ya o viene el FASCISMO y te comerá.