Djokovic y los bebelejías

Me había prometido a mí mismo que no iba a volver a escribir en internet, y menos por temas con aristas y de actualidad, pero al final no…

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Djokovic y los bebelejías
¡¡QUÉ VA, QUÉ VA!! ¡¡YO LEO A JORGE BUSTOS!!

Me había prometido a mí mismo que no iba a volver a escribir en internet, y menos por temas con aristas y de actualidad, pero al final no puedes renegar de tu naturaleza desviada, de tus perniciosos e inconfesables vicios, y regresas al pinchazo y a otra dosis cuando te creías ya inmunizado y casi curado del todo. Pautas completas de opiniones gratuitas que nadie te ha pedido. Tirar letras, como el que echa grafeno al cafelito de la tarde, con todo por perder y absolutamente nada que ganar. Otra mancha en la huella digital de tu ADN reputacional. Bien está. Para qué hacer tanto drama si esto son dos días, —o un pangolín y medio—, y si te entretiene pegarle un poquito a la jeringa tuitera pues tampoco es para sentirse demasiado culpable. No es que te estés metiendo caballo en vena. La vida real, la tangible, la de las hostias como panes, es muchísimo más dura y a la red, al fin y al cabo, venimos a convivir con el personaje. A ser otro. A echar el rato hasta que empiece el fútbol (que es donde realmente se dirime el destino de los hombres) si no les da a los caprichosos de los futbolistas por empezar a quejarse, de repente, de la patata.

No me atreví a decir nada en su día cuando Federico Jiménez Losantos llamó poco menos que “asesinos” a los padres que dudamos en vacunar a nuestros hijos. Tuve el impulso pero al final me contuve porque dónde voy yo, más analfabeto que un cubo sin asas, a decir algo de la opinión de un señor con tantísimas lecturas y varios tochos publicados sobre el comunismo. Cómo vas a argumentar algo sobre las sentencias de un profesional de la comunicación que afirma eso sin plantearse, en ningún momento, los beneficios de las pfizer y las modernas en niños o adolescentes completamente sanos y con un riesgo prácticamente igual a cero de desarrollar un covid grave. Y todo ello mientras te vende el catálogo completo de la parafarmacia de Mundonatural. Cartílago de tiburón, ansiomed, gastroplus y toda la pesca. Mejor seguir disfrutando de la magia y el pasatiempo de la radio, mientras le vas pegando lúbricos lametazos a la botella de lejía, hasta que llega la crónica rosa que es cremita de la buena y a Federico se le nota más tranquilo que recién corneado con una banderilla de refuerzo.

Con Jorge Bustos ya es diferente. No sé si es por la edad, pero le tengo menos respeto. Hoy ha publicado un artículo en el que afirma que “hay gente a favor de la vacunación y hay gente en contra, y cada cual tiene sus razones. Yo, por ejemplo, estoy a favor porque no quiero perder suscriptores, y sin vacuna quizá usted ya estuviera muerto”. Chistaco. Pantomima Full Periodístico. Menudas risas. Éxtasis barroco del humor. Debe pensar que no se le ha muerto ningún suscriptor inoculado. No es que lo piense, es que fijo que está seguro de ello porque tiene todos los datos y la verdad absoluta. No como usted, querido negacionista voxero fascistoide chupapomos. Ningún suscriptor de El Mundo ha fallecido después de los rejonazos. Esos no, que son de centro liberalio. Ninguno con secuelas incluyendo a posibles suscriptores muy jóvenes aunque aquí hay más interrogantes, estarán con Ibai y no se asoman a un periódico ni con un palo selfi. Nada, nada. Todo convicciones. Circulen, serbios terraplanistas. No nos vayamos a hacer preguntas, que para eso somos periodistas, y más ahora que anda el personal con la mosca detrás de la oreja después de pasarse la Navidad así como constipadillos y pensando que a ellos lo que le han puesto ha sido la vacuna del Fórum Filatélico. A por la tercera, la cuarta y después la quinta que ya se sabe que no hay quinta mala. En julio que si la inmunidad de rebaño al 70% que después era el 80% y más tarde el 90% y subiendo. ¿Cuándo va a llegar el rebaño? ¿Quiénes son los perros pastores? ¿Nos vamos a preguntar algo algún día de estos? Los niños de primeras no y a las pocas semanas ya barra libre. Que sí, ahora sí dicen los expertos, LOS EXPERTOS, y que hay que picar a todos los críos. Al principio no mezclar vacunas y después que todo OK, José Luis, y que si te metes de dos tipos distintos pues mucho mejor y eso que te llevas de gratis. Menudo chocho pandémico. No hay quien lo entienda. ¿Ustedes lo entienden? Yo no lo entiendo. Pero algunos sí. Clarísimo, sin fisuras. Joder, con el de los suscriptores y las certezas, no vayamos a pedir explicaciones ante los acontecimientos y la realidad que se está poniendo cada día más terca.

Y todo esto a cuento de que a uno de los mejores deportistas del mundo le ha dado por cuestionar la conveniencia de meterse, en su cuerpo, las fórmulas actuales. Que no es Miguel Bosé y aquí hemos pinchado en un hueso campeón. Hablamos de un icono mundial de un deporte que tiene como base la condición física para conseguir el mejor de los rendimientos. ¿No puede dudar un deportista de esta grandeza, otro Nadal pero sin tirarse del calzoncillo, de la idoneidad para él de estos tratamientos? No tengo el gusto y desconozco si el señor Novak llega a la categoría de Jesucristo o Espartaco [el que hacía Kirk Douglas, no el torero] pero lo que está claro es que su caso está suponiendo una gran novedad en esa uniformidad comunicativa sobre la pandemia y la eficacia, y conveniencia, de estas vacunas. Un raquetazo en la conciencia profesional de más de uno que trae un debate múltiple que hasta ahora parecía imposible o relegado a las catacumbas magufas de internet. Djokovic planteando auténticas dudas, generando interrogantes, echando el resto para que repensemos cosas. Djokovic, un tenista, “haciendo el periodismo” que nadie está haciendo para los vacunados, sin vacunar o suscriptores de El Mundo.