El descojone del ministro

Estoy de los nervios y no debería venir aquí al desahogo. Me vengo diciendo a mí mismo que ya es suficiente escritura después de estos…

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El descojone del ministro
El ministro en pleno despelote

Estoy de los nervios y no debería venir aquí al desahogo. Me vengo diciendo a mí mismo que ya es suficiente escritura después de estos días en los que ando juntando letras casi a diario. No me ayuda y tampoco es que sea yo Miguel Lacambra. Mejor dejar esto de publicar en internet a los profesionales de la cosa. A los faros que nos guían. Ya se ahoguen o no en su propia marea. No te hagas daño, Carlos, que al final va en tu contra y aumenta tu ansiedad y tu rabia. Tu cabreo.

Intentaba no pensar en ello hasta que vi al ministro descojonarse. Pero no una cosa medianamente comedida, no. Algo exageradísimo, desproporcionado. Carcajearse a lo bestia, casi a lo sicópata. Desmedido y falto de cualquier decoro desde su escaño del Congreso. Ni ética ni estética. Absurdo por completo. Dañino. Qué imágenes y qué fotos. Cómo es posible, con lo que estamos pasando, esa actitud. Qué desayuna el ministro. Te revuelve el alma. Desgarra por mucho que hayas votado socialista. Bueno, si has votado socialista todavía tiene que ser mucho peor por muy talibán que seas. No me resulta fácil quedármelo dentro, tampoco quiero, porque la desvergüenza ajena es maligna y hay que sacársela. Ustedes me perdonen estas líneas para compartir mi frustación y desencanto. Mi tristeza.

Aunque lo vengo rumiando desde el otro día no me había decidido hasta escuchar ayer al ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana decir que el día 8 de marzo estuvo en la Mascletá de Valencia pero que nadie le había preguntado por lo que hacía en la Mascletá de Valencia. Le hace mucha gracia también la ocurrencia. “Pillad y ahora venís a por otra que tengo para todos, cabrones” parece que es lo que está afirmando entre las risitas. Le falta el cubata en el atril. Ni que le estuvieran preguntando por esa tal Delcy. Por qué ese tono perdonavidas. A qué viene esa chulería seca y faltona, esa superioridad. Entiendo que uno no puede renunciar a su naturaleza pero hay momentos en la vida para estar a la altura de los problemas y hacer excepciones. ¿Ustedes no sienten cómo les tose el desprecio desde la pantalla o solo es cosa mía?

No voy a mencionar el números de contagiados ni a los muertos para afearle más la conducta porque para qué. Además, quién soy yo ante un ministro. Bastante tengo con intentar consolar a mi padre que con setenta años y cincuenta cotizados, trabajando como un cabrón desde que era muy niño, me comenta que si hace falta él se baja la pensión a la mitad pero que paren esto. Y te tienes que morder la lengua y marear la perdiz siendo positivo. Que si el pico, que si vamos muchísimo mejor, que ya lo tenemos controlado. ¿Los tests defectuosos? Un error sin importancia y que son muy pocos. Cuatro tests de nada. No veas mucho la tele. Aplaude con los vecinos que eso te viene muy bien. Ahora te paso un chiste por whatsapp muy bueno. Ya verás qué bien.

Siga usted descojonándose de nosotros, señor ministro. Siga usted así con esa actitud y ese descaro totalmente gratuito e innecesario. Para chulo su pirulo. Diga usted que sí. Vendrán tiempos mejores para todos nosotros y esos padres y abuelos que hoy están asustados, como perros apaleados, tanto por el virus como por estas actitudes. Siga usted porque a mí me da la vida. Me abrasa pero moviliza. Su risa, nuestra fuerza. Siga descojonándose, señor ministro. Siga usted así. No desfallezca. Siga con el cachondeo.