El día del Watusi

El ritmo y el compás. Francisco Casavella se murió a los 45 años de un infarto. Esto del infarto de miocardio es la versión oficial —no se…

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El día del Watusi
Francisco Casavella colocando su biblioteca. Foto: tito Google.

El ritmo y el compás. Francisco Casavella se murió a los 45 años de un infarto. Esto del infarto de miocardio es la versión oficial —no se fíen nunca de las versiones oficiales— porque podría haber sido perfectamente por el ataque mortal de algún insecto ilusionista o el traquetear en el pecho de una bota ortopédica. Los hay que llevan muchas escrituras interiores por lo que no es raro que al final las palabras se agolpen por algún lado hasta provocar un trombo que te mande al otro barrio. No sabemos cómo será ese otro mundo chabolista pero lo que nos enseña El día del Watusi es que a esta vida de idiomas imposibles hemos venido a bailar. El que sepa bailar, claro. El que no, que se joda o aprenda. Bailar suave pero con ritmo. El ritmo no es lo mismo que el compás; el ritmo va primero. Y para bailar hay que tener aguante. Un aguante animal (feroz y rumbero) con el dolor muy cosido por dentro. Ánimo de bestia, corazón en continua batalla. Watusi, Watusi, Watusi.

Azares y vaivenes. La literatura en serio es un abismo para cobardes, el miedo a enfrentarse a uno mismo sin sufrir muchos daños en la vida real. Al menos en principio hasta que te deja de sonar la patata. Por eso es mejor no entrar en ciertos libros o hacerlo sin gravedad. Hay que leer sin aspiraciones, sin profundidad. Leer por deporte, de lado, en la playita, como pasatiempo. Leer sin pretensiones es la lectura de los que están, estamos, ya muertos. Casavella no te deja. Casavella baila contigo. Te hace el chiste y se desgarra en el párrafo siguiente. A veces, por si no te has dado cuenta, te lo repite más de una vez hasta las novecientas páginas. Un dolor que parece extrañamente propio o que quieres que sea propio porque es esa, la del Watusi, la manera exacta de definir. De danzar. Poesía charnega de cualquier cosa menos de auténtico sentimiento. Alta filosofía de bares con lucecitas. Azares y vaivenes. Watusi, Watusi, Watusi.

Sobrevivir y temer. En el último año y pico, desde que Anagrama reeditara El día del Watusi, no faltan reseñas y críticas de todo tipo. Hasta creo que en León se celebra un festival y todo lleno de modernos. Hay modita. Esta novela es desde un viaje clásico del héroe hasta el Antiguo y el Nuevo Testamento de la Transición Española y Barcelonesa pero no voy a venir yo, que soy más gitano que el Yeyé, a hacer la crítica académica. Tenía, tengo, una herida de juventud que hoy cierro con cierta angustia. Esa desazón de que no falta tanto para los 45, los 60 o los 120 y que te va a dar igual. No tienes lo que hay que tener. No tienes ritmo, no tienes compás. Acaso, esperar en la pista a poder ver el baile macho de otro. Un otro con una gran W en la espalda. Sobrevivir y temer. Watusi, Watusi, Watusi.