El español trucho

No te hace falta papel y usar de avatar una textura de papel arrugado que sirve de lienzo a una gran «Ñ» de trazos manuscritos resulta ir…

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El español trucho

Que no te haga falta el papel y usar de avatar una textura de papel arrugado que sirve de lienzo a una gran «Ñ» de trazos manuscritos resulta irónico. De esas ironías buscadas, forzadas y que te dirán que viene a representar la mejor y más pura de las tradiciones en un soporte innovador. «Esto es superior a la prensa tradicional porque recoge lo mejor de ella llevándolo a la nube, al cielo de lo digital; la interconexión, el periodismo virtual». Vamos, el humo de manual para valorar el pasado enterrándolo, negándolo y ganarse a los escépticos y a los reticentes. No es que se hayan vuelto locos arriesgando y el nombre es propio de cabecera de gran diario. Me acuerdo todavía cuando salió EL SOL a principios de los noventa y que también era una mirada al pasado. En esto del naming hay un dato muy curioso: ya existía una cuenta periodística en twitter desde el 4 de noviembre y denominada @elespanol_es por lo que a lo mejor estamos ante un caso de plagio a un pocosfollowers. Esperaremos a ver qué sentencia el juez de tuiter aunque creo que está retirado o lo retiraron.

El avatar de EL ESPAÑOL tiene algo de chiste visual asociado al cacareado #nohacefaltapapel. Una de las primeras rukas gráficas de la que seguro será una larga serie. Ya hay otra imagen donde se puede ver al señor Pedro J. Ramírez convertido en el mismísimo Forrest Gump. La vida es una insospechada caja de bombones y tuiter ya no digamos. Cuando menos te lo esperas salta la trufa.

El tipp-Ex de lo digital. Ilustración de un servidor.
El tipp-Ex de lo digital. Ilustración de un servidor.

Tuitero. Porque EL ESPAÑOL es tuitero. «El español es tuitero». Magnífica frase de camiseta playera para lucir en el chiringuito mientras escribes en el smartphone a la par que llevas el iPad mini refrescándote los huevos y sujeto con la goma del speedo. Ser tuitero, esa cualidad, esa habilidad, esos superpoderes. Los tuits, los retuits, los favs, los replys, los mongoreplys, las multimenciones, la arroba, los DMs. Ser tuitero, esa moderna testosterona, ese nuevo estar en el mundo ante lo salvaje de la naturaleza. Esa nueva forma de cotizar a la Seguridad Social. El ser tuitero o la nada. «Soy tuitero, rubia, cuidado conmigo» y jugar mucho con el palillo en la boca mirando las menciones entre sorbito y sorbito al chato de vino, el genuino gintonic hipster de toda la vida.

Pero cuando realmente te enamoras de EL ESPAÑOL es cuando interaccionas (en internet se interacciona) y a EL ESPAÑOL se le cae la Ñ. En tuiter te escribe EL ESPANOL, con «N», no EL ESPAÑOL. Esto puede parecer una cosa sin importancia para los del SEO, esa nueva policía, pero tiene mucho de simbólico. Es como invitar a la Ñ al Festival de Uranio para quitarle después la virgulilla y reírte de ella dejándola sola y abandonada en su bar de copas de Gandía. Es un español trucho. Un español afeitado, desbravado. Un español sin bandera al que se le ha caído el tricornio, la boina o la melena de las ideas. Un español pelón. EL ESPAÑOL, no se puede tener mejor nombre, pide papel a gritos de forma clandestina para liarse el porro del tupé de su «Ñ» y dejarlo todo bien impreso.

Hay por algún lado una entrevista de Pedro J. Ramírez donde viene a decir que aquellos que dentro de poco vayan por la calle con un periódico impreso, valga el pleonasmo, serán poco menos que unos raros. Esperemos que al menos nos marquen con una buena Ñ sin castrar en la solapa, a modo de clavel, y que nos asignen espacios públicos reservados para poder pasar las páginas sin riesgo de contaminar a nadie con nuestros miasmas de papel.