El hijoputa de Raggio
Los que llevamos más de una década en Twitter hemos visto y leído muchísimas cosas. Tantas, y tan diversas, que no podemos más que…
Los que llevamos más de una década en Twitter hemos visto y leído muchísimas cosas. Tantas, y tan diversas, que no podemos más que sorprendernos cuando esta semana todo un gran periódico como MARCA le dedica una portada, a página completa y con mucho signo de admiración gigante, a unos tuits que ellos consideran escandalosísimos. Uy, uy, uy, agárrate que ha dicho «hijoputa». No sé cómo no han hecho un póster o un reloj conmemorativo para entregar con varios cupones. Al hilo del MARCA ha ido también la COPE con Juanma Castaño al frente hasta conseguir que José Agustín Gómez-Raggio (el tuitero en cuestión) no sea el nuevo presidente de la Federación Española de Remo. Triunfo. Han logrado cambiar el signo de una moción de censura en un par de días (que al parecer estaba más que ganada con muchos votos de diferencia) gracias a un montaje fotográfico y unos minutos de radio. El cuarto poder. La quinta columna. El periodismo justiciero. Trumancapotes, que escribiría Ignacio Ruiz-Quintano, desfaciendo entuertos.
Tantísimas cosas, ya digo, hemos visto pasar por la red del pajarito que este ataque frontal de nuestro periodismo contra el timeline del señor Raggio provoca ternura. Por la maldad mal disimulada. Porque saben perfectamente cómo funciona Twitter y que están retorciendo el tema hasta un extremo que da vergüenza ajena. Twitter tiene sus códigos dentro de lo de por sí ya distorsionado de la conversación (o monólogo). Deformarlo de esa manera, en otro contexto muy diferente elevando la anécdota a categoría, no es jugar limpio. Y lo conocen bien porque tampoco están libres de pecado. El aspaviento exagerado, ese amarillismo en pantuflas con mucho golpe de pecho, es sorprendente. Casi cómico si no fuera porque cambia voluntades y votaciones.
El periodismo es un oficio para cínicos. Y no tanto por los temas que eligen como por los que no destacan o directamente silencian. Ser periodista es elegir lo que es noticia. Pero también, y sobre todo, lo que no quieren que lo sea. Tenemos como ministra de igualdad a una tuitera que pedía guillotina para la Familia Real (suponemos que incluyendo a las infantas que tampoco se salvan por muy mujeres que sean). Guillotina. Ojo al parche, MARCA. Ahí está, con su cartera y su buen presupuesto mastodóntico de publicidad institucional. ¡¡¡CÓMO ALGUIEN ASÍ QUE PIDE GUILLOTINA PARA LA FAMILIA REAL PUEDE SER MINISTRA DE IGUALDAD!!! De vicepresidente sufrimos a otro tuitero famosete (ahora también periodista de éxito), que tuiteaba sobre apalear a policías o rodear el Congreso entre serie y serie de Netflix. ¡¡¡CÓMO ALGUIEN ASÍ QUE PIDE APALEAR POLICÍAS PUEDE LLEGAR A TENER MANDO EN EL CNI!!! Estaríamos toda la tarde titulando, Juanma Castaño. Carrero Blanco volando es un género propio de tuiter muy aplaudido [nunca falla por muy boomer que sea la referencia] por no hablar del humor negro, homófobo y machista hasta la náusea que hoy se les blanquea a las perras de Satán de turno. La gran mayoría de los tuiteros, por no decir todos, que «han hecho carrera» tienen más de un cadáver en la nevera infinitamente más grande que los delitos sumarísimos del señor Raggio. A las perras de Satán, pomadita mediática, visibilidad, sauna y masaje en El País y al tuitero Raggio, que ademas tiene las pelotas de escribir con su nombre y apellidos, escarnio y garrote público.
Nunca es el qué, siempre es el quién. Raggio es más de derechas que Santi Abascal y no solo no se oculta sino que está orgulloso de ello. La otra noche era un tío solo, con sus bolsas de la compra, parado delante los tanques de Juanma Castaño y sus cuates. Qué risitas y suficiencia las de Paco González y compañía. Uff, qué rato. Con la edad que tienen ya. Abreviando: Raggio es facha, facha. Facha total, el hijoputa. Y eso no se puede perdonar. Te puedes sonar los mocos en la bandera española que además de no cancelarte vas a tener más currillos pero ay, amigo, si se te escapa un ramillete de tuits en el otro sentido. Ahí ya no. Te caen la cruz y todo el peso del yugo de las versales de MARCA encima.
De todas formas, tampoco estaría muy confiado porque la cosa hace tiempo que tiene otro aire (este caso que nos ocupa no deja de ser ejemplo de ello). Un mirar al sol distinto. Una camisa nueva. Un apoyo español fraterno y transfronterizo. Los españabolas del internet le están empezando a dar la vuelta a una tortilla que parecía inamovible desde hace cuarenta años. Esa superioridad moral, esa barra libre perdonavidas de la izquierda y de una derecha centrada en el complejo. Cuidado con estos que se hidratan mucho (beben agüita española), juegan cortito y al pie, golpean franco y son finos filipinos. Menudos y menudas. Menudes. Y José Agustín Gómez-Raggio, un chavalín con tuiter, otro más de ellos. Yo, por mi parte, y eso que no sé distinguir una canoa de una piragua, aquí vengo también con mi humilde remo por si hay que dar una palada.