En la muerte de El Risitas

En Paco de Lucía. El hijo de la portuguesa Juan José Téllez describe lo importante que resultó para el guitarrista la figura de Jesús…

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En la muerte de El Risitas
El Risitas, a mandíbula batiente

En Paco de Lucía. El hijo de la portuguesa Juan José Téllez describe lo importante que resultó para el guitarrista la figura de Jesús Quintero muchos años antes de ser el loco y tener colina. Persona clave. El eco popular del arte de Paco de Lucía no se puede entender del todo sin la figura de Quintero y el tiempo en el que fue su representante artístico. “De ti habla todo el mundo muy bien, pero ¿por qué no puedes tener el éxito de Camilo Sesto y Raphael?” le preguntaba Jesús a Paco. “Lo primero que pensé —dice Paco— es: este es un chufla”. De programas y entrevistas en televisión a giras por Andalucía y de ahí al Teatro Real en 1975 para poner una pata flamenca en el gallinero privado de lo clásico. Ahora lo vemos con cierta normalidad pero en aquella España el flamenco no tenía el prestigio generalizado con el que cuenta y en cierto sentido, y para los capos de la música fetén, no dejaba de ser un arte menor. Poco serio.

Tampoco quisiera dejar de destacar de la biografía de Téllez la importancia que tuvo Quintero en el éxito del disco Fuente y Caudal. Al parecer es él quien se planta delante de los ejecutivos de Philips para reeditar el disco que ya había salido un año antes vendiendo la pírrica cantidad de trescientas copias. Es Quintero el que levanta ese disco que posteriormente resultó clave y donde se encuentra la rumba «Entre dos aguas». Hoy ya un himno universal. El agua del toque de Paco de Lucía y el molino comercial de Jesús Quintero.

En la industria cultural y del entretenimiento (de lo difuminado de la frontera entre ambos territorios hablamos otro día) nos llega la mayoría de las veces el producto acabado, manufacturado, listo para consumo o a calentar un poquito en el microondas. La película, el actor, la banda, el cuadro, la obra de teatro o el escritor no deja de ser la parte más visible [y no siempre la más decisiva] de un engranaje que desconocemos. El éxito comercial depende en gran medida de estos primeros «artistas» que terminan de cuadrar, rentabilizar y pintar la burra para venderla adecuadamente.

Pienso en esto, en el afiladísimo ojo de lince de Quintero, con la muerte de El Risitas. En la inteligencia de los hacedores de productos [pongan aquí usted la etiqueta cultureta que quieran] canalizando la energía del resto y entendiendo al público y a su época. Hacer televisión es un arte mayúsculo y sacar a dos desdentados como El Peíto y El Risitas sin mucho guion ni demasiados filtros habla más de la cabeza diabólica del primero que de esa inocencia, trastornada y extramuros, de los segundos. Más de la maldad del rey que de las supuestas habilidades del bufón. Algunos dirán que nos reíamos con ellos pero la realidad es que nos descojonábamos de ellos. Y mucho. La habilidad de Quintero es convertir esta crueldad en humor, cotidianidad y simpatía. Hasta humanidad.

En Twitter circula un vídeo de El Risitas donde aparece enfermo y desconocido. Se le ve con una pierna amputada conduciendo una silla adaptada especial que al parecer se la habían comprado un grupo de fans franceses. Quien graba la patética carrera le pide que hable para agradecerle a los gabachos el gesto. «Gracias. Ha llegado el regalito» se le adivina al desconocido y supuesto Risitas. Es de una tristeza trágica, dolorosa, sorpresiva e inesperada. El chiste es todavía peor porque luce una dentadura perfecta que le afea la memoria que tenemos de su gesto. Casi como si le hubieran metido a presión todas las teclas de un piano a ese agujero negro del absurdo que era su boca con la bandera de un diente. No contaba ver esa imagen ni el deterioro y me recorre el escalofrío de ya demasiadas veces cuando me doy cuenta del asesino implacable que es el paso del tiempo. De nuestro tiempo de rarezas que se nos va, cuñaooos, a dentelladas de ratones coloraos y perros verdes.

Descanse en paz, Juan Joya Borja.