Encender una hoguera

Lo bueno de tenerlo todo por leer (una lista realmente vergonzosa) es que son muchos los libros y demasiados los autores que te sorprenden…

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Encender una hoguera
Ilustración: Jorge González

Lo bueno de tenerlo todo por leer (una lista realmente vergonzosa) es que son muchos los libros y demasiados los autores que te sorprenden hasta abollarte la cabeza. El analfabetismo, cuando es lo suficientemente activo, juega a tu favor de una manera que ni sospechas. Una carcoma que va royendo con sorpresa aquello que distingues como verdadero. Hacerse viejo, «madurar» que diría alguien con estudios y varios másteres, es abrazar con la suficiente fuerza y sin complejos tu ignorancia, ya tan amiga y vieja conocida, para utilizarla como lumbre. Avivar el fuego. Avivarte o quemarte.

Todo aquel que haya leído Encender una hoguera de Jack London sabe que no es precisamente un cuento con final feliz. La agonía se intuye desde el principio y no para de crecer hasta el último punto y final del texto. Pero no nos centremos en los finales, que son todos demasiado vulgares con la muerte despatarrada por el medio de una u otra manera. El cuento es la lucha tormentosa y cruenta de un hombre, y su perro, por la supervivencia a través de un paraje helado por debajo de los sesenta grados bajo cero. Un lugar donde prácticamente respirar es puro hielo y encender una hoguera se convierte en el fin último de la existencia. Un monólogo interior desesperado por no echar más miedo al pánico de estar vivo en esa situación y buscar soluciones al golpe abrasador e inclemente del frío. Impresiona. Difícilmente puedes salir tan fresco de lo que pone Jack London en los terrores de su personaje. Y da que pensar sobre el sufrimiento, el dolor y la actitud de uno ante todo ello. Sobre los hielitos diarios y los pequeños fríos. Qué sería de mí, que me constipo con cualquier brisa inesperada, si debo salir, setenta bajo cero, a pelear la vida. Asusta el más que seguro patetismo. La cobardía no abriga nada, no llega ni a rebequita.

La edición que tengo de la editorial AstroRey se completa con otros tres cuentos que forman lo que han denominado como Diarios de supervivencia. No se han vuelto locos con el título aunque resulta más que acertado ya que leídos en conjunto forman un todo. Cuatro partes de un mismo apego radical por la vida; de una naturaleza y unos animales con sus propios códigos y brutalidades; de la soledad que se presenta casi como una constante necesaria; y del valor y la pequeñez de la existencia que aún así se resiste hasta agigantarse más allá de lo razonable y casi de lo deseable. Una hermosísima edición, ilustrada por el argentino Jorge González, que confirman lo que les adelantaba arriba: siempre es posible para los más iletrados calentarnos en las pequeñas chasquitas de algún que otro libro.


Diarios de supervivencia. Cuatro cuentos clásicos de Jack London. Ilustrados por Jorge González. Editorial AstroRey. 2016.