Fortuny

Los peligrosos de verdad somos los analfabetos con pretensiones. Esos que vamos a los museos sin saber siquiera que el color rojo no…

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Fortuny
Fantasía árabe. Mariano Fortuny

Los peligrosos de verdad somos los analfabetos con pretensiones. Esos que vamos a los museos sin saber siquiera que el color rojo no existía hasta que se decidió sacrificar a las cochinillas (el insecto, no la mujer del cerdo). Habría que poner detectores de conocimientos, como arcos de metales pero de saberes básicos, para que nos impidan la entrada a algunos porque ya después en la sala no hay remedio. Y ahí estamos, delante de la grandeza poniendo muchas muecas y frunciendo el ceño cargado de razones. Uy esto, esto lo hago yo en dos tardes.

Lo de las dos tardes es algo más fácil en los museos de arte contemporáneo —además de analfabeto hay que ser sacrílego—, pero ojo en El Prado. En el Museo del Prado hay que ser muy mamarracho para posarse en según qué cuadro y que no te cruja algún hueso del desencaje. La belleza es un golpe físico. Un dolor en el lado. Un malestar genérico que te dice que lo estás haciendo mal y que es irremediable e imposible cambiarlo. La belleza es una mácula. Partamos de la base: el arte es inteligencia. Pero la obra de arte, esa inteligencia aplicada, es un dolor propio cuando tomas conciencia de ella. Si te la tomas a pecho —los analfabetos nos ponemos terriblemente serios— la vida cambia a peor. Vivir amuñonado. Vivir poquito. Sobrevivir. Ir tirando. Pagar el gas, el agua, el teléfono, la internet e irse al otro barrio (la acera de enfrente del vivir) sin hacer mucho ruido. Qué bueno era, y qué analfabeto.

Estaba yo viendo a Fortuñ el otro día (no digan Fortuni porque es catalán tabarnés y les va a quedar catetillo) y te tienes que asombrar de la destreza de un hombre de otra época que no vivió ni cuarenta años. Con acuarelas y cinco dedos en cada mano plasma una realidad miniaturista que se antoja real. Vivida. Desde las gallinas picoteando un patio a la morería en danza atlética pegando tiros.

Les haría la crítica de la exposición porque los que no tenemos ni medio bachillerato mal acabado podemos hacerlo todo pero me quiero quedar con la sensación al salir. Esa cobardía que tenemos a los que nos falta un hervor rosa o un Servicio Militar Obligatorio para ir a conocer según qué cosas.

Vean lo de Fortuny si les dejan pasar. Y sigan ciegos su camino.