Ganar en pijama

La samarreta con la que salió ayer el Real Madrid a jugar su enésima final de la Copa de Europa tenía algo de camiseta trucha, como de…

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Ganar en pijama
Ronaldo y sus hilillos de pan de oro

La samarreta con la que salió ayer el Real Madrid a jugar su enésima final de la Copa de Europa tenía algo de camiseta trucha, como de promoción del As con muchos cupones, que no presagiaba nada bueno para los intereses blanco púrpura. Se habían puesto el pijama para que el yayo Buffon les leyera la cartilla y el cuento ese de la lechera, el cántaro y la fuente —Dani Alves haría de gusiluz—. Si al pijama le sumamos el peinado de Cristiano Ronaldo, con esos churritos dorados asomándose al balcón de su apolínea y portuguesa cabeza, parecía que esta vez la gloria se mostraría esquiva y los dioses, por fuerza o sentido del ridículo, no serían tan benévolos. Pero los dioses son unos cachondos.

Lo de Cristiano Ronaldo merece mención aparte ya que demuestra constantemente que los que nos hemos criado en el polígono industrial tiramos irremediablemente al monte y nos salen los subwoofers y los alerones tuneados en las ocasiones más insospechadas. Somos envipís de la ruta del bakalao ya nos llamemos CR7 o Peseto Loco.

Lo que pasó después de salir con el pijama, que no sé si les sorprendió o no, ya lo conocen sobradamente y bla, bla, bla, hasta los cuatro goles, el capote de El Rey de Camas, Su Majestad Don Juan Carlos I en el control antidoping y demás épica. Todo ello en pijama. Hay que tener valor. Y precisamente de eso va la cosa, de valentía y de seguridad en uno mismo. Olvídense de los títulos que al final es una vulgaridad, como contar con los dedos, y quédense con la forma de ser. El Madrid es certeza, incluso cuando pierde y todo es oscuridad. Luz en la sombra. El Barcelona es duda incluso cuando gana y campeona. Sombra en la luz. El Madrid es firme y amplia felicidad todavía en la derrota y el Barcelona es angustia vital en la victoria. No me pregunten el porqué, pero es así desde el origen de los tiempos —ya hay pinturas rupestres con un prehistórico muy musculado haciendo eso del SIUUUUUUU delante de un mamut orejón—. Por eso los trágicos somos necesariamente del Barça y no del Madrid. Los intensitos tenemos que ser del Barcelona, es una cuestión fisiológica que no atiende a razones ni a catalanidades. Los que andamos con la mirada perdida tangueando todo el día entre milonga y milonga y dudamos torpemente hasta para hacer la declaración de la Renta no podemos ser del Madrid. Sería una impostura. Es además un sentimiento planetario, galáctico e intergaláctico. Se mea o no se mea colonia.

El de ayer no era un partido cualquiera porque suponía la posibilidad de cerrar veinticinco años desde que otro equipo, unos que iban vestidos de butanito [los dioses y sus cosas, ya digo], forzaran el drama y se obligaran a ser relativamente felices sabiendo que eso no es posible. Ni tan siquiera deseable. Las champions que ganó el Madrid con el Atlético de Madrid tienen algo de Trofeo Colombino o de Trofeo Carranza; champions minusválidas para los madridistas profundos —ganarle una o dos copas de esas al Atlético, y de esa forma, ya me dirán ustedes la gloria del tema siendo madridistas—. Creo que secretamente las odian un poco. Pero lo de ayer era otra cosa muy distinta. Había la posibilidad de cambiar un resignado y casi cansino optimismo culé. Y lo hicieron. El nuevo orden mundial, galáctico e intergaláctico, sale más reforzado que nunca. La 12 del Madrid es lo mejor que le podía pasar al Barça. Vuelve el orden natural de las cosas si es que alguna vez las cosas tuvieron otro orden. Lo de siempre, pero con los polos más opuestos. La misma guerra fría pero con los bandos más definidos: el Madrid en su gloria perpetua, y el Barcelona en su ciclotimia constante. Valverde tiene una buena papeleta pero es cacereño y a los de Cáceres hay que tenernos fe. Somos como catalanes pero mucho más extremeños. Además, parece un tío tranquilo; de esos a los que nada les altera hasta que llega un Materazzi de la vida mentándole a la hermana.

Nos vamos a divertir. Pero no vayan a pelo, que ya tenemos una edad. Preparen sus pijamas ahora que están tan de moda.