Gistau Ultra

Penguin Random House ha reeditado hace poco Ruido de fondo, la que fuera primera novela de David Gistau y que sacó en su día después de una…

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Gistau Ultra
Gistau sin barba

Penguin Random House ha reeditado hace poco Ruido de fondo, la que fuera primera novela de David Gistau y que sacó en su día después de una recopilación de artículos escritos en La Razón y unos libros sobre Zetapé. Su primer largo. Un rescate, más bien tímido siendo generosos, de su destetar novelesco. Muy decepcionante en la forma ya que lo han hecho dentro de una colección bajuna de bolsillo. Un libro infame para los que somos ultrillas de la pluma de DG. ¿Qué necesidad había? Es de esos tomitos que tienes en mente como primeros para calzar la pata cuando la mesa cojea. El cabreo es mayor cuando ves cómo te lo quieren vender. En la misma cubierta hay una frase de Arturo Pérez-Reverte que reza de la siguiente manera: “David Gistau fue nuestro Hemingway. Leerlo es una aventura fascinante”. No viene muy destacada y queda discreta dentro de la portada pero no deja de sorprender lo mayúsculo del piropo ilustrando una edición tan de andar por casa. Como ir a pillar caviar y que te lo despachen en la cajita del Happy Meal del Mcdonald´s al lado de las patatas fritas y el petit suisse (aunque ahora no sé si lo que dan es un Danonino). ¿Le pongo ketchup? Póngale usted, claro, que no falte de . La incongruencia entre la grandeza que subraya la frase, con su premio Nobel ahí tirado por medio, y el formato elegido sorprende para mal. Algo paródico, un chiste doloroso. Parece evidente que todo un Hemingway, nuestro Hemingway que por desgracia ya no va a escribir nunca más, merece mejor trato para una nueva edición de un texto que llevaba varios años fuera de circulación y ningún reclamo extra en forma de mancha. Además, la frase es de esas que se le arrojan al muerto, a modo de boomerang, para que vuelvan al ego del vivo. Decepcionante y más si lo comparas con el boato con el que se vienen promocionando los Premios de Periodismo David Gistau en estos dos últimos años. Con lo que se han gastado en canapés lo mismo les llegaba para unas tapas duras.

No se queden con este disgusto mío y si se hacen con un ejemplar disfruten de la historia que tiene una fórmula de juventud donde está el todo Gistau que han leído en los periódicos aunque aquí lo hace estirando el putísimo folio a capítulos. Y casi que me atrevería a decir que es el mejor Gistau porque la que fuera su segunda novela, Golpes Bajos, comparte con ella muchas cosas. Una segunda parte por otro lado. Dos círculos concéntricos: uno con el fútbol como centro y el otro con el boxeo como trama. El mismo humor tan reconocible, y marca de su revólver, para desdoblarse en toda una serie de personajes propios de un noir cañí a la madrileña pasados por la turmix de ese estilo tan Gistau y que deslumbra en los diálogos. Hay una línea, no tan invisible, que conecta las hostias a un grupo de boixos nois en la Castellana y camino del Bernabéu de Ruido de fondo a el gong del ring de un gimnasio del barrio de Lucero de Golpes Bajos. Un devenir, el de nuestro héroe, que nos deja casi a modo de biografía no oficial ya que ambas novelas son un trasunto indisimulado y algo cachondo de sí mismo. Un explicarse o un querer entenderse sin grandes desgarros aunque dejando chinitas por el camino. Quizá esta que nos ocupa tenga más de primerísima persona (algo que repetirá en ese relato fallido por inacabado que es Gente que se fue) pero ambas comparten el no querer desconectar del todo de su lado más furioso como si las ansiedades de la escritura, y sus imposturas, hubiera que sudarlas de alguna forma. Violentarlas, ejercitarlas, expulsarlas de uno, fajarlas a golpes. Que te pille la campana de la vida, o de la muerte, con la guardia alta y el puño cargado.

Si yo fuera editor sacaría los dos libros juntos en una edición especial de lujo con su buena caja, ilustraciones, cosido en tela, cubiertas de piel de cocodrilo y dos entradas para un tour por el Bernabéu. Algo digno y propio, joder, para los que solo somos su lectores porque cada vez que veo el librito me dan ganas de quitarle el palo a la bandera y tirárselo, con muy mala hostia y con ganas de herir, a estos sus amigos que reparten carnés de Hemingway y que le permiten salir al campo con tan indecente camiseta. Peor que si fuera vestido del Barça. No provoquen al fondo, que no respondemos.