Javier Marías fuertecito
Vivimos una revolución de lo digital tan extrema que un señor que todavía escribe a máquina es tendencia en twitter domingo sí y domingo…
Vivimos una revolución de lo digital tan extrema que un señor que todavía escribe a máquina es tendencia en twitter domingo sí y domingo también. Para mear y no echar gota con lo de las redes. Cómo te vas a ir de tuiter por más que lo pienses si es poesía pura. Joder con las redes. Las redes (¿qué son «las redes»?) se levantan en armas por las cosas fantasma que escribe Javier Marías en El País Semanal (la última página, para los apestados —RESISTENCIA—, que la leemos en analógico). Las redes son bravas y entran al trapo nada más asoma la puntita de la muleta por algún lado. Aunque este tema da para largo porque intuyo que las mismas redes ponen el trapo, el toro y la plaza entera. Los demás compramos la entrada. Al final es una cuestión de vender burras pintadas y clics. Pero tampoco quisiera hacer muchos símiles taurinos en el primer párrafo no vaya a asomar el facha así de primeras y pierda alguno de mis fieles lectores que ya son legión.
Al turrón. Me he leído lo de Javier Marías de hoy como media docena de veces y no consigo entender dónde está el escándalo, la ofensa, el crujir de dientes, los latigazos, el partirse muy fuerte la camisa y la catarata de tuits. Salvo en lo de los extremeños. Ojito al parche. Aquí se equivoca de pleno ya que todos los extremeños, sin distinción, hacemos cosas extraordinarias constantemente. No nos toques las palmas a los extremeños, Javier, que no respondemos. Hay que ser extremeño sin interrupción. Quitando este desliz lo demás es de perogrullo y bastante soseras todo. Sosísimo lo de Javier Marías de hoy. Un poco castaña, la verdad. Que ofenda es la sorpresa. Lo arregla al final un poco metiéndose con Gloria Fuertes pero tampoco se viene muy arriba. Me atrevería a decir que se autocensura porque lo que le pedía el cuerpo era hacer algún haiku a lo Gloria Fuertes rimando pato con zapato o limón con camión pero se ha contenido.
Y es cierto, tiene razón. Hasta hace cuatro días mal contados (lo que se dice cuatro, literalmente) no leía a Gloria Fuertes ni El Tato. Ahora vende casi tanto como Turistaentupelo. Aguante, Turista. No hay medida. «Hoy, con ocasión de su centenario, sufrimos una campaña orquestada según la cual Gloria Fuertes era una grandísima poeta a la que debemos tomar muy en serio». Creo que lo de la campaña orquestada es demasiado rebuscado y todo es mucho más sencillo. Es más una cuestión de oportunidad, moda y buen olfato editorial que algo más complejo (Blackie Books vende también como churros esa cosa morbosa de James Rhodes y hay más de un moderno, y no tan moderno, que hace palmas con las orejas con el libro). Gloria Fuertes es ahora un gran producto y han sabido actualizarlo y venderlo. La nostalgia está o lleva mucho tiempo en el candelabro y funciona. Desde obras de teatro con Espinete a toda esa saga de libros de la EGB o cualquier cosa que ronde los años 80 y 90. Pero si dicen que vuelven las casetes. Las casetes, agárrate. Pronto escribiremos todos a máquina.
Recuerdo perfectamente cuando los suplementos literarios hablaban de una joven Lucía Etxebarría a la que había que leer porque era la gran esperanza blanca de la literatura femenina española. Por no hablar de las correspondientes críticas sobre las propias novelas de Javier Marías en cada lanzamiento. Es parte del bisnes. Creo que equivoca el tiro con lo del feminismo (o lo equivoca a sabiendas para provocar un poquito y vaya si lo logra) porque al final conoce perfectamente que es un tema de sacar libros y de descubrir o redescubrir autores para ponerlos al lado de la pila inagotable y elefantiásica de Turista. Lo de la calidad de los mismos ya es harina de otro costal y hay tantos cánones como seleccionadores de fútbol. No hay verdades absolutas ya lo diga la Jot Down o su porquero.