La cabra Pablo

Existe una fotografía de Salvador Dalí saliendo del metro de París con un oso hormiguero. Lo lleva atado con una cuerda como el que pasea…

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La cabra Pablo
Salvador Dalí y un oso hormiguero. Paris Match, 26 de julio de 1969.
La cabra Pablo. Madrid, 12 de octubre de 2015.
La cabra Pablo. Madrid, 12 de octubre de 2015.

Existe una fotografía de Salvador Dalí saliendo del metro de París con un oso hormiguero. Lo lleva atado con una cuerda como el que pasea un chihuahua. En un segundo plano hay un corrillo de paisanos que se acercan a mirar al animal pero sin sorprenderse tampoco mucho (los franceses son más de asombrarse de interior). Dalí va a lo suyo, poderoso con el bastón y mirando incisivo a la cámara de la posteridad. Es esta una de esas imágenes que no se deben olvidar por su poder icónico, por su claro propósito de convertirse en marca. Pura publicidad. Solo un genio, y no me refiero al Dalí pintor, agarra un oso hormiguero debajo del brazo y se va a posar al metro parisino. Este tipo de cosas se han copiado después mucho pero ya resulta harto complicado epatar de igual forma aunque únicamente sea para que te prohiban el diseño de un cartel en las calles de Barcelona. Igualmente, se siguen intentando y Dalí era en esto un gran masturbador.

En ese hormiguero de gente en el que se convierte el centro de Madrid los días 12 de octubre han querido los legionarios ponerse dalinianos y en un golpe de ingenio han bautizado a la cabra que suele desfilar con ellos con el nombre de Pablo. Prietas las filas. Hay que cuadrarse ante la genialidad ya que tiran con honda. Así, como auténticos surrealistas del Alto Ampurdán se les ha podido ver muy tiesos por la Castellana luciendo barbazas, tatuajes y cabra con nombre de profesor universitario y emérito politólogo. Los legionarios, hipsters a su manera pero con CETME, van y escriben el tuit del día. PI declina la invitación para asistir a lo del Rey porque anda liado con sus cosas y lo que es el surrealismo, aparece su tocayo Pablo luciendo pelazo y gorro legionario en un golpe de humor con bandera y sin inmutarse bajo el ruido horizontal y gualda de los cazas.

Los españoles, seamos lo que seamos, nunca dejamos de sorprendernos a nosotros mismos. España, maravilloso lugar lleno de aristas y con ese regusto metálico a aquella cosmogonía daliniana «con sus relojes blandos, que profetizaban la desintegración de la materia, sus huevos fritos sin plato, sus fosfenos alucinantes y angélicos».