Mearse en Umbral
Escribe Manuel Jabois en su Manu: “alguna vez dije pretenciosamente citando a Umbral que yo escribía como meaba, pero en realidad meo…
Escribe Manuel Jabois en su Manu: «alguna vez dije pretenciosamente citando a Umbral que yo escribía como meaba, pero en realidad meo mucho y lo que hago después es elegir el pis con el que creo que puedo pasar el control antidoping». Si de verdad Jabois se ha leído el libro de Anna Caballé que menciona en su cosa sobre el padre de Umbral, debe saber que esa mención sobre la orina es un ataque de Delibes al propio Umbral. Francisco Umbral. El frío de una vida, página 228: «de modo que la relación entre los dos vallisoletanos empezaba a estar condicionada por esa falta de sintonía profunda en el modo de concebir el quehacer literario. «Escribe como mea», acabará comentando Delibes, desilusionado. Umbral nunca se lo perdonará».
También sorprende el reduccionismo que aplica Jabois, con su mirada atenta, a toda la obra umbraliana. Empieza su reportaje El padre secreto de Umbral con la siguiente frase: «Fancisco Umbral escribió 110 libros y 135.000 artículos, y casi todos en torno a él». «Casi todos en torno a él», tiene cojones. Y se queda tan ancho, el tío. ¿Qué pretende Jabois? Si se los ha leído todos con especial cuidado, como el libro de Anna Caballé, no sorprende que escriba semejante gilipollez. Habré leído un cinco por ciento del «todo Umbral» y puedo ver bastantes más temas que los que anota Jabois. Umbral escribía de todo lo que se movía, absolutamente de todo. Política, literatura, poesía, sociedad, arte, y un larguísimo e inagotable etcétera. Por no hablar de Madrid o del propio idioma. Umbral era el idioma, quería ser el idioma castellano. Al final, el tema era lo de menos, lo importante era escribir. Si hasta llegó a firmar barras de pan. Otra cosa es que lo hiciera «a lo umbral» (aquello de hacerse un estilo) pero dista mucho de que todo gire en torno, única y exclusivamente, a su propia persona. Francisco Umbral es la escritura y su trascendencia, la importancia y significado de la misma. Y tan importante como la escritura umbraliana son sus lecturas (tanto a los autores que menciona como a los que se calla o niega). Umbral es toda una Academia personalísima.
Jabois se queda en la caricatura del personaje escritor y no en el escritor de una sensibilidad extrema, casi enferma, que era Umbral. «Por eso lo más subversivo es hacer arte puro, poesía pura, escritura pura, música, ya que el arte nace glorioso de la grieta inmensa, de la brecha. Es lo único que perpetúa, como hemos dicho, la diferencia radical entre el hombre y el mundo». «Es la mitología inútil y fascinante que nos hace libres y malditos». Sobre esto, la escritura como puro torrente sanguíneo, esteticista y mecanográfico, van los 110 libros y los 135.000 artículos de Umbral, no sobre el propio Umbral. Es un autorretrato de la escritura más allá del escritor.

Mentarte al padre. Como si fuera el mismísimo Jorge Javier Vázquez, abre el señor Manuel Jabois el sobre para que podamos verle la jeta en sepia al padre de Umbral. Siendo verdad lo que cuenta Jabois, y si Umbral nunca quiso contarlo en vida, no acabo de identificar a qué viene el tema a no ser que sea por esa cosa equivocada del mear. Subirse a la chepa de Umbral, mear a su costa, o mear (gracias a él) un poquito más lejos. En general, sorprende un poco. «Ahora, EL PAÍS le identifica como el abogado Alejandro Urrutia». A ver si sigue la saga de reportajes y nos hace Jabois alguna crónica semanal en EL PAÍS de los artículos de Umbral cuando escribió allí. Póngale celo a eso, Don Manuel.
No lean a Jabois quitándole el polvo al padre adúltero de un tal Francisco Alejandro Pérez Martínez. Cuánta grandeza. Lean a Francisco Umbral. Cualquier cosa de Umbral. Del Mortal y rosa a aquello de Lola Flores (¡Constipaíllo, ven acá, constipaíllo, que te voy a dar yo a ti!) o al más cercano Un ser de lejanías. Cualquier cosa. Es más, yo les recomendaría que no lean nada de Jabois antes de leer a Umbral. He leído muy poco a Jabois pero su Manu es a La noche que llegué al Café Gijón, al que imita a su manera, lo que una calcomanía a un tatuaje. Ambas cosas se llevan en la piel pero solo una duele de verdad.
Manuel Jabois, ese gran tuitero y escritor de himnos.
Manu. Manuel Jabois. Pepitas de calabaza. 2013.
Francisco Umbral. El frío de una vida. Anna Caballé. Espasa Calpe. 2004.
La noche que llegué al Café Gijón. Francisco Umbral. Editorial Destino. Cuarta Edición. 2001.