Pablito Gafotas

Tengo siempre presente un artículo de Elvira Lindo de hace unos años donde mencionaba El hombre sin atributos de Robert Musil. La novela de…

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Pablito Gafotas

Tengo siempre presente un artículo de Elvira Lindo de hace unos años donde mencionaba El hombre sin atributos de Robert Musil. La novela de Robert Musil es de esos libros que llevas marcado con fluorescente en la inagotable lista del debe. En el caso de Musil, coloreado con el rojo de los imprescindibles antes de palmarla. La lista crece y el tema de palmar empieza a olisquearte la pantorrilla, como un perrillo, con las muertes de los cercanos. De ahí, del runrún por esta novela, que la mención de Elvira Lindo en uno de sus textos de hace mil veranos se me quedara incrustada. Lindo acababa de recibir el libro en una nueva edición completa de Seix Barral (tengo el primero de los tomos pero en aquella época resultaba más bien difícil encontrar los otros dos. Tampoco es que me volviera loco buscándolos. De hecho, ahora veo los ejemplares nuevos en alguna librería, acusadores en la balda y como queriéndome reprochar algo, y no los compro. «Si ya no hace falta papel» les digo más chulo que si llevara tirantes y sin bajarles la mirada. «Ya vendrás, ya», parece que farfullan). El caso es que a EL se lo había mandado el editor recién salido de la imprenta y resultaron ser dos tochos muy serios. Recuerdo la gracia con la que se desprendía de los tomazos en una tarde calurosa y a la sombra de uno de sus árboles (tenía más de uno) del jardín de su casa. Los árboles creo que eran frutales y los cuidaba su marido; un escritor, académico o similar al que ella llamaba «Mi santo» o «Mi Dios» y que al parecer era el encargado de la poda y la siega del latifundio familiar. Esa forma de mandar a Musil al carajo a lo Lindo me llamó mucho la atención. Tiendo a sacralizar ciertas cosas pero la manera tan ligera de quitarse de encima el peso muerto del Hombre sin atributos me pareció una lección de vida. Echa pallá, bicho. Se puede escribir, publicar, triunfar, que te lean y hasta casarse con un escritor, académico o similar sin leer a Musil ni a muchos de los musil que esperan en tu lista, con la frente muy levantada, a recibir el balazo que es toda lectura de un libro.

Lo de Elvira Lindo, esa manera tan suya de hacer ligero y divertido lo cercano, viene a cuento de su texto sobre la entrevista de AR a PI. Es verdad que si algo parecido a lo del polvo y la cama lo escribe Salvador Sostres o Alfonso Ussía refiriéndose a alguna TS (Tania Sánchez) de turno tendrían que salir precipitadamente de España pero esto es ya harina de otro costal y ni soy yo Amarna Miller (AM) ni tengo nociones en lo del postporno. Lo del postporno debe ser eso a lo que se refiere EL de levantarse y oler el café recién hecho que te acaba de preparar el macho. Tengo la impresión de que EL se ha autocensurado con el tema quedándose corta y conteniéndose mucho o muchísimo al rajar de la cosa de AR con PI. En los 10 minutos de entrevista que he podido ver en la web de T5 todo me recuerda a otro Pi; a Filemón Pi en Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo cuando está con Mortadelo en el pisito antes de que pasara el paño el Tronchamulas, narcotizado perdido, bajo los efectos de la reversicina del profesor Bacterio. Qué cocina, por el amor de Dios. Pero si a AR casi le da un ataque y no sabía ni dónde apoyarse no fuera a pillar algo chungo. AR, nuestra Oprah Winfrey con negro, sufre, sufre muchísimo y se le nota que lo pasa muy mal. Creo que en algún momento incluso llega a pensar que PI le va a dar la bolsa de basura para que la baje antes de visitar a la vecina y mientras él se da la ducha del running.

Las gafas de poder. Ilustración del abajo firmante.
Las gafas de poder. Ilustración del abajo firmante.

Esto de la casa de PI me tiene muy desconcertado. Muy bizarro todo. Tampoco hace falta enumerar todos los detalles porque para qué. Mención de honor, eso sí, a lo de aparecer con la melena sin recoger como una Khaleesi lozana y luciendo pelazo con las amigas en los coches de choque mientras guarda la ausencia, enamoradísima, al hijo mayor de Paca la de los Drogo. Treinta y siete añazos y todo un politólogo y profesor universitario de la UCM y casi parece que AR va a tener que limpiarle en cualquier momento las gafotas que no tiene o sonarle los mocos de enterao de clase. Hay dos opciones: o lo hace a propósito pensando que mostrar el calor de su humilde hogar le ayuda a cincelar su perfil político y a mostrarse más cercano o directamente es así y no se ha parado ni a darle un repasito a la cocina de su abuela allá se caigan todos los azulejos. Cualquiera de las dos versiones son preocupantes. Los currelas de toda la vida, hidalgos de nuestras miserias, difícilmente mostraríamos a AR la cosa tan doméstica e interna de la cocina, esa válvula mitral por donde respira toda la sangre familiar. Recibiríamos a una presentadora de televisión con mayúsculas en el saloncito y con una caja de Surtido Cuétara que habríamos comprado con todo el cariño para la ocasión. Pero algo medio preparado, coño, no eso de sacar el jamón del plástico con las manazas. ¡En qué mundo vivimos! Se puede ser de extrema derecha, de derechas, de centro, de izquierdas, rojo, muy rojo o rojelio pero esto de que te graben quitándole el plástico al jamón se sale fuera del espectro político. Es toda una audacia ideológica. Es imposible, no puede ser verdad que PI sea tan dejado. Debe ser un viral del propio PI, una vuelta de tuerca (con c) con un mensaje subliminal e inteligentísimo que se nos escapa. Si por el contario, realmente PI es así de abandonado, tiene miga el asunto. Inquita conocerle este feísmo tan de balde. Yo no sé de los más jóvenes, esos que ni tan siquiera se imaginan al perrillo olisqueándoles la pantorrillas mientras se guasapean a selfis, pero los que empezamos a tener cierta edad sabemos que más allá de la política, la economía, las siglas y las ideas no hay más revolución personal posible que la belleza y una búsqueda esforzada de cierta estética para sobrevivirte un poco. Por eso te haces listas de libros que nunca vas a leer pero que de alguna manera te recuerdan que aunque a ti te falten los atributos suficientes, por no decir el valor, hay cocinas de la escritura bellamente alicatadas hasta los dientes.